Momento formidable.
En un inicio
cruzaron miradas
midiendo distancia,
planificando estrategias.
Admirabanse los cuerpos
al irse aproximando ;
mutuo contemple.
Al primer contacto,
el de las pieles,
un relámpago
a lo lejos
auguró
sensualidad extrema.
Oficialmente
el primer lance
fue un beso.
Sucedieron mordiscos
caricias a discreción;
frases incendiarias
de pasional acentuación .
Tuvieron breve respiro
retomando posiciones
y cada contrincante
acudió a su respectivo bastión.
Él, tendido
y sujetando muslos;
Ella ,
arriba
copando huidas
e imperando de momento,
engulló casi
al punto de
provocar la rendición;
pero en hábil maniobra
él
lingualmente
atravesó cavidad
frotando al labio interno
e igualando el combate.
Entonces
se recrudecieron
las escaramuzas .
Ambos acometieron
con lo mejor de su repertorio
al oponente.
Mella y desgaste.
Y en lugar de replegarse
arremetieron a un tiempo
con mayor ahínco .
Así
los dos lograban
puntos a favor de su causa;
de su placer.
Y en pleno fragor
la tríada de jueces
comenzó a emitir su fallo:
El Amor,
declaró empate;
el Erotismo,
a favor de ella,
alegando amplia ventaja
sobre el otro.
Y justo cuando
el juez tercero iba a pronunciarse,
un sonido gutural
y cavernoso ,
proveniente de
la pareja enfrascada ,
y el cual ha quedado
grabado en los anales
de la historia
de las relaciones íntimas,
hizo retumbar cielo y tierra.
Él, devastado
con blancos ojos tumbado ,
desfalleciente
pedía paz.
Ella
sudando lluvia,
casi en el ahogo
soltó a su presa.
El tercer arbitro
el Orgullo,
que lucía maltrecho
por haber seguido
tan de cerca las acciones,
favoreció con su voto a ella,
ya que
inadvertidamente,
solamente ella,
en el tiempo reglamentario,
lograba ponerse en pie.
¡ Lengüilargo cedió su corona
a su reina !
Peter

